sábado 25 de abril de 2009

HARRY MARTINSON: ENTRE LUZ Y OSCURIDAD

En 1974 Harry Martinson recibió el premio Nobel de Literatura, y la Academia sueca justificó su concesión: «Por una poesía que refleja la totalidad del Universo en una gota de rocío». Este libro recoge lo mejor de la obra poética de Martinson, donde se funde lo más grande y lo más pequeño. Lo mínimo es capaz de contener el Universo. En su caso, también se cumple la afirmación de que el autor más local se convierte en el más universal.
Martinson se interesa en su obra por una gran cantidad de temas: desde las consecuencias de la técnica y el progreso hasta la flor más pequeña; de sus viajes por todo el mundo («En este momento estoy pelando patatas en el corazón del Congo») a los bosques de su tierra. Pero especial importancia tiene en su obra la Naturaleza, que pocas veces ha sido descrita con tanta belleza. Destaca la precisión y la minuciosidad de los más mínimos detalles, rasgo tomado de la lírica china.

«Elegí cantar a las cosas pequeñas,
a los marineros que trepan por las briznas de hierba
y al fuego del carbón de las luciérnagas en la hierba.
Porque bajo la hierba descansaré un día,
con los pequeños faroles de las luciérnagas a mi alrededor
y el viento soplará de acá para allá
con los cantos de los grillos
y los sonajeros de los álamos temblones».

Harry Martinson

jueves 23 de abril de 2009

BARCELONA PARA NIÑOS

Soñando ciudades es una sorprendente colección con la que los niños recorrerán las principales ciudades del mundo. Cada libro está ilustrado por un artista diferente y, además, todas las páginas son desplegables.
En esta ocasión es Javier Zabala quien nos lleva de paseo por Barcelona.

miércoles 1 de abril de 2009

MUJERES DE LOS FIORDOS

Esta antología que tenemos entre las manos nos presenta a diez escritoras noruegas contemporáneas, de entre 35 y 85 años, pertenecientes a generaciones y credos literarios muy diversos, pero en las que tal vez podamos también intuir algunos rasgos comunes. Como casi siempre en la literatura, también en estos relatos el tema recurrente son las relaciones humanas. En todos estos cuentos encontramos luces y sombras, otro de los rasgos característicos de la literatura noruega de todos los tiempos. Por lo general, melancolía y realismo aparecen como dos caras de la misma moneda. Los personajes de estos relatos son hombres y mujeres de carne y hueso, con sus anhelos y sus traumas, sus ilusiones y sus decepciones, y una terca búsqueda de algo que proporcione sentido.
Cada relato está traducido por un traductor diferente, lo cual pensamos que proporciona una riqueza especial a la antología: diez escritoras y diez traductores, entre los cuales hay tanto latinoamericanos como españoles, cosa que se refleja también en el lenguaje final de los relatos, en los que se ha querido respetar las diferencias y la riqueza de esta lengua que hablamos tantos pueblos distintos.

viernes 20 de marzo de 2009

FLANN O'BRIEN: LA VIDA DURA

No es que haya conocido a mi madre solo a medias.
Conocí solo la mitad de ella, la mitad inferior…


A la casa del señor Collopy llegan dos niños huérfanos. Mientras el señor Collopy se dedica a una misteriosa y humanitaria labor en favor de las mujeres, los chicos crecen entre los aromas del buen whisky y de la mala cocina. Manus, el hermano, pronto demuestra ser un maestro en los negocios. De enseñar por correspondencia cómo caminar sobre la cuerda floja en el Dublín eduardiano, pasa a instruir a la población y al mundo de forma más ambiciosa en su «Academia Universal Londres». Finbarr, el menor, observa y espera. Una ligera enfermedad hace que el señor Collopy tome un medicamento preparado por Manus, pero sus efectos resultan ser inesperadamente gravosos. En compañía de un amigo, el señor Collopy emprende un viaje a Roma en busca de alivio. Las secuelas, sin embargo, echan por tierra sus aspiraciones...

sábado 7 de marzo de 2009

SOMBRAS DE LA BOHEMIA

Artículo de Juan Manuel de Prada en ABCD

Hubo un momento, hacia finales del siglo XIX, en que bohemia fue sinónimo de arte: los jóvenes alevines de escritor que llegaban a Madrid, peregrinos desde la periferia, dispuestos a conquistar a dentelladas la Puerta del Sol, entendían su vocación como una suerte de martirio fatal. Llegaban sin más munición que sus endecasílabos y sin otra trinchera que la intemperie, con cuatro lecturas mal digeridas de Baudelaire y un convencido furor anarquista que luego se iría decantando hacia la amargura o el mero resentimiento. La vida bohemia (si es que la miseria y el hambre y los fatigosos amaneceres en tabernas inmundas merecen el nombre de vida) constituía un ideal de pureza, enmarañado de musas andrajosas, en cuyas redes perecieron muchos de aquellos jóvenes. El sevillano Alejandro Sawa, de quien ahora celebramos el centenario de su muerte, fue quizá el miembro más valioso -y desde luego, el más distintivo, por carácter y estampa- de una generación de escritores de diverso pelaje que intentaron trasladar a nuestras letras el clima de naturalismo bronco, músicas simbolistas y novela socializante que, por entonces, se respiraba en Francia.

En las alcantarillas. Todos ellos encarnaban (a la fuerza ahorcan) la figura del desheredado de las letras: repudiados por una sociedad filistea que no comprendía su arte, tuvieron que refugiarse en las alcantarillas de la marginalidad y, desde allí, enarbolar la bandera de una literatura contestataria y disolvente.

Recién llegado a Madrid, el joven Alejandro Sawa -a quien todos sus contemporáneos coinciden en retratar como un hombre apolíneo y nacido para el placer- comienza a prodigar su pluma en la Prensa y a pasear su estampa de Byron proletario por los chiscones de la capital. De esta primera época datan un puñado de novelas de tono tremebundo en las que denuncia las calamidades de una época asfixiada por el atraso, la lenidad de los políticos, el abandono inhumano de las clases populares y el clericalismo más obtuso. Hoy todas ellas amueblan los atestados anaqueles del olvido; pero en su día fueron muy celebradas en los círculos anarquistas. La primera de todas, La mujer de todo el mundo (1885), nos anticipa su asunto desde el mismo título; a ésta seguirán Crimen legal (1886), Declaración de un vencido (1887) y Noche (1888), todas ellas inmoderadas en su mezcolanza de romanticismo socializante y naturalismo atroz, todas ellas salpimentadas de un anticlericalismo bronco y propenso a la caricatura.

Con apenas veinticinco años, Sawa decide emigrar a París, aplastado por la cerrazón ambiental española, contra la que nunca dejaría de arremeter hasta descornarse. En París, aturdido de absenta y de noches peripatéticas, entablará contacto con simbolistas y parnasianos. A su regreso a Madrid, allá por 1896, se convertirá en el primer divulgador de los versos de Verlaine; también en la diana de las burlas más o menos eutrapélicas de sus coetáneos. Sobre Sawa circularon leyendas de tono más bien escarnecedor en vida (a la pluma acre de Bonafoux se debe la más divulgada de todas ellas, que mezcla la devoción a Victor Hugo con la desidia higiénica); y su muerte, sobrevenida en circunstancias de extrema penuria, acabaría convirtiéndolo a él mismo en leyenda, gracias sobre todo a Valle-Inclán, que lo hizo protagonista de Luces de bohemia.

La única tinta. Sawa, que había nacido para el placer, fue derecho al dolor, como las polillas van derechas a la luz que las calcina: tal vez porque el dolor es la única tinta en la que podía mojar su pluma; tal vez porque el dolor le recordaba, cuando el frío le corroía las entrañas, que hubo una primavera anticipada y nunca cumplida, allá en el Barrio Latino de París. Hostigado por una ceguera que le obligaba a dictar sus artículos a su abnegada mujer, Jeanne Poirier, el brío de su escritura fue declinando paulatinamente, hasta que hubo de conformarse con ganarse las lentejas como negro de los artículos que Rubén Darío publicaba en La Nación de Buenos Aires. Sería precisamente Rubén quien apadrinaría la publicación póstuma de Iluminaciones en la sombra (1910), una suerte de dietario en el que Sawa alterna la clarividencia amarga del perdedor con esa suerte de resignación conmovedora de quienes entregan su vida a un ideal esquivo, tal vez inalcanzable.

Iluminaciones en la sombra, que ahora rescata la editorial Nórdica con presentación de Andrés Trapiello, es un libro misceláneo, donde evocaciones y aforismos, semblanzas y divagaciones estéticas se alternan, despojadas de aquellos artificios hueros y apóstrofes un tanto meningíticos que caracterizaron las entregas juveniles de Sawa. Un libro lacerado por el dolor, tembloroso en ocasiones y en ocasiones áspero, donde el talento del autor se levanta sobre las tinieblas de una vida derruida y brinda su mejor llama, antes de extinguirse en las sombras de la bohemia.