viernes, 28 de marzo de 2008

LA BOCA POBRE

Reseña de La boca pobre, de Flann O'Brien, en Solodelibros.

Hace tiempo que no leía una novela tan disparatadamente divertida como “La boca pobre”, segunda novela escrita por el sin par Flann O’Brien.
“La boca pobre” está escrita con el estilo característico del irlandés, donde la voz del protagonista es la que narra la historia con un estilo florido y amanerado que choca de forma rotunda con lo que de los orígenes y trayectoria del personaje vamos conociendo. Y este es el primer juego que el autor propone, y que sin duda contribuye a la peculiaridad de sus novelas: que el lector dude de la figura del narrador y, en el fondo, no lo tome muy en serio, aceptando que tal vez está siendo engañado a cambio de pasar un buen rato.
Y si “El tercer policía” y “Crónica de Dalkey” resultan un prodigio de imaginación y, por qué no decirlo, de fantasía, “La boca pobre” es un delirio de ironía e ingenio, aunque también hay lugar para las increíbles invenciones de O’Brien.
“La boca pobre” es una parodia de los libros que a principios del siglo pasado se publicaron en Irlanda, describiendo la tradicional pero miserable vida de los buenos irlandeses, así como una parodia de las ligas para el estudio de lo gaélico que surgieron por doquier y que, mientras investigaban la lengua y tradiciones irlandesas, prestaban escasa atención a las paupérrimas condiciones de vida de los estudiados que, por parecerles algo verdaderamente típico, consideraban que no debían cambiarse.
Sobre esa base construye O’Brien una novela que reproduce uno por uno los tópicos que llenaban las novelas que parodia. Su protagonista, Bonaparte O’Cúnasa, nos describe su vida en Corca Dorcha, una ficticia región irlandesa reducto de todo lo verdaderamente gaélico, dándonos a conocer su casa miserable, su familia, su primer y único día de escuela, sus relaciones con los vecinos y las distintas aventuras que jalonan su existencia de verdadero irlandés. Pero su casa, su familia, sus vecinos y toda su vida están descritos, con gran mordacidad, para que se ajusten al tópico:

Vivíamos en una casa pequeña, encalada y poco saludable, situada en un rincón del valle a mano derecha según se va al este por el camino. […] Siempre fue el perpetuo destino de los verdaderos irlandeses habitar (si han de ser creídos los libros) en una pequeña casa encalada metida en un rincón del valle según se va al este por el camino […].

Y “La boca pobre” nos enseña cómo, igualmente, el destino de los verdaderos irlandeses siempre era, y sólo podía ser: criar cerdos, empaparse bajo los aguaceros que caían cada noche, comer patatas, llevar pantalones grises en la niñez, que el primer día de escuela un profesor que no hablaba gaélico les cambiase su nombre por el de Jams O’Donnell. Cada diálogo y cada reflexión de los personajes que intervienen en la historia cumplen la función de demostrar que todos son verdaderamente gaélicos, con sus «Válgame Dios» y sus «No habrá otros como nosotros».
Pero tampoco faltan en la historia las figuras de aquellos estudiosos que recorrían los caminos, gramófono en mano, buscando entrevistar a los ancianos de lugar para que en buen gaélico les contasen las historias de antaño. Aunque, en el fondo de una casa oscura, confundiesen a un cerdo vestido con pantalones grises con un anciano algo achispado y grabasen sus ronquidos felicitándose por haber obtenido una nuestra del gaélico más incomprensible, el de mejor calidad.
A estas estrafalarias historias se mezclan las increíbles peripecias de O’Cúnasa y sus vecinos, al más puro, fantasioso y delirante estilo O’Brien. Y el resultado, como no podía ser de otra manera, es una novela divertida, original e inteligente.

jueves, 20 de marzo de 2008

CHARLA LIBROS ILUSTRADOS II

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En este vídeo cuentan sus experiencias en la edición de libros ilustrados Diego Moreno de Nórdica Libros y Santiago Tobón de Sexto Piso.

miércoles, 19 de marzo de 2008

CHARLA LIBROS ILUSTRADOS I

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Charla sobre libros ilustrados para adultos en la librería Alibri de Barcelona. Participaron: Fernando de Diego de Libros del Zorro Rojo, Diego Moreno de Nórdica Libros y Santiago Tobón de Sexto Piso.

sábado, 15 de marzo de 2008

LA BOCA POBRE

Reseña de Ricardo Menéndez Salmón en ABCD de La boca pobre.

Si no el mayor, Irlanda constituye uno de los más grandes y hermosos enigmas de la historia de la literatura universal. No en vano, «la isla santa y sabia», un país con un peso político y económico no demasiado notable, tradicionalmente aplastado por el fanatismo religioso y por el expansionismo inglés, ha regalado a la literatura un puñado de nombres extraordinarios, casos de Swift, Yeats, Wilde, Joyce, Beckett o Heaney, sin olvidar que, aunque por azar, uno de los más singulares escritores de todos los tiempos, el clérigo Laurence Sterne, nació en suelo irlandés. Acaso la razón de tan prodigiosa fecundidad deba buscarse, independientemente del carácter espurio o no de la anécdota, en la respuesta que Beckett ofreció cuando fue interrogado a propósito de esa floración de artistas inspirados: «Cuando la mierda te llega al cuello», dicen que dijo el autor de Malone muere, «lo único que puedes hacer es cantar».

Un tanto oscurecido por la brillantez de semejante nómina, Flann O?Brien, cuya obra está siendo felizmente traducida a nuestra lengua en los últimos tiempos, merece ser considerado como un igual junto a los autores mencionados, entre otras cosas por compartir con todos ellos un rasgo eminentemente irlandés: un humor desopilante aunque teñido siempre de amargura. La última obra que de O?Brien nos llega es la hilarante y esperpéntica La boca pobre (Nórdica Libros), en traducción del gaélico de Antonio Rivero Taravillo, quien en 2005 nos regaló la posibilidad de leer a otro irlandés genial, Jamie O?Neill, y su extraordinaria Nadan dos chicos, novela que toma su título precisamente de una obra de su compatriota O?Brien.

La boca pobre, no en vano subtitulada «Un mal relato sobre el malvivir», es una narración capaz de convertir lo terrible (el hambre atroz, la agresión del clima, la brutalidad de la ignorancia) en risible, demostrando una vez más cómo el sentido del humor es uno de los bisturíes de excepción a la hora de diseccionar el cuerpo de las sociedades, un estupendo guía si se desea establecer un juicio certero sobre el mundo y, como escribió Rosa Sala Rose en su ensayo El misterioso caso alemán, «el gran mediador en el colapso que se produce entre lo real y lo ideal».

«Mi hambre tiene hambre», confiesa Bonaparte Ó Cúnasa, incansable comedor de patatas e impagable narrador de La boca pobre tras una de sus múltiples desventuras. Si ustedes tienen hambre de un libro distinto, échense a la boca este inolvidable pedazo de historia irlandesa.

sábado, 8 de marzo de 2008

INTRIGAS DIABÓLICAS

Reseña de Víctor Moreno en Mugalari de Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado

Hay que indicar que la primera edición de esta novela se publicó
en 1983. Lo hizo la editorial Nostromo, y contenía, como la presente, el prólogo de André Gide, quien, gracias a su olfato literario, fue quien la encumbró como novela fantástica. James Hogg (1770-1835), llamado también el pastor Erick, logró con esta novela impulsar
el denominado género fantástico por doble motivo: por la forma en tratar el horror y el espanto, y, en segundo lugar, por dotar de un
perfil psicológico verosímil al personaje del diablo. La novela consta de dos partes notorias y diferenciadas: la segunda aborda los sucesos
narrados en la primera, pero vistos desde la perspectiva del protagonista. Si en la primera parte se narran los hechos en clave objetiva y realista, en la segunda se cuentan desde la conciencia
escindida y trágica de Robert Wringhim, cuyos análisis introspectivos se asemejan bastante a los de un alma en pena y rota.
Mister Wringhim, educado en un clima de fanatismo religioso, mantiene como dogma la proposición siguiente: «Para los malvados todas las cosas son malvadas, pero para el justo todas las cosas son justas y rectas. Una persona justificada por la gracia no puede obrar mal». Con este catecismo, todos los crímenes, todas las terribles e inimaginables acciones que comete el “pecador justificado” Wringhim cuentan con el visto bueno de la Providencia. Aunque el lenguaje de la novela maneja categorías religiosas y teológicas específicas, calvinistas o antimoneas, es comprensible en todo momento. Más todavía, haciendo una pirueta imaginativa uno puede preguntarse si para quien se considera estar en posesión de la verdad –religiosa en este caso– ¿no son, acaso, todas las acciones que ejecuta como el súmmum de la justicia y de la equidad? En definitiva, si no será ésta, al fin y al cabo, la misma esencia putrefacta de todos los fanatismos. Las Memorias… relatan, paso a paso, el origen y el engorde de este fanatismo mediante el cual asistimos al lento deterioro y desquiciamiento de una personaje capaz de
todas las villanías por amor a Dios. Y no se piense en ningún momento que el protagonista
esté aquejado de locura o paranoia. No. Es un racionalista, un ilustrado. Eso sí, de la vieja escuela: calcula sus crímenes con premeditación, alevosía y nocturnidad. Y ello con la compañía de un singular compadre: nada más y nada menos que el Diablo. Este aparece súbitamente en escena y se hace amigo de Wringhim. Por supuesto, el pecador no descubrirá jamás la naturaleza real de su extraño compañero. Solamente al final del relato verá en él la figura de Satán, aunque, en ningún momento se dirigirá a él con tal término. Esta evocación del príncipe de las tinieblas y la progresiva intimidad con el mismo, junto con el retrato figurado de los estados de conciencia del protagonista son lo mejor del relato. Incluso para quien es demasiado diablo en vida y no cree en su existencia, la aceptación de su presencia en la novela es verosímil. Porque Satán opera solamente de modo psicológico. Se limita con argucia e inteligencia a desarrollar lo que ya está latente en el pecado. Solamente el final desdice un poco el planteamiento primitivo del relato. El Diablo y sus cosas desaparecen de forma sobrenatural,
dando un toque “fantasmal” al desenlace de estas intrigantes Memorias.

jueves, 6 de marzo de 2008

EL ENIGMA DE FLANN O'BRIEN

Reseña de Juan Marqués en El Heraldo de Aragón de La boca pobre.

“Nací con muy poca edad”, declara Bonaparte Ó Cúnasa en uno de los primeros párrafos de su breve autobiografía, y entonces el lector ya sabe que está ante otra de las disparatadas (pero no absurdas) novelas de ese genial funcionario irlandés llamado Brian O’Nolan (1911-1966), que firmaba como “Flann O’Brien”. Es éste un nombre tan celebrado en el mundo anglosajón como poco conocido y publicado en España, por lo que Nórdica Libros ha demostrado buen instinto (y mejor gusto) al lanzarse a recuperar sus obras y hacer que muchos las estemos descubriendo con la sensación de que hacía tiempo que deberíamos haber llegado hasta ellas. Tras la insuperable El Tercer Policía (una novela que haría bien en leer todo aquel que saliese temblando de la Carretera perdida de David Lynch, que tanto le debe) y la imprevisible Crónica de Dalkey (hasta ahora inédita en castellano), aparece La boca pobre, la más breve de estas tres y también la de un humor más directo y transparente, a pesar de haber sido escrita en plena Segunda Guerra Mundial. Un humor menos sutil e inquietante que el de las otras dos novelas citadas, que fueron las últimas que escribió O’Brien.
Por lo que nos cuenta en el prólogo su traductor, el poeta y ensayista sevillano Antonio Rivero Taravillo (a quien ya debíamos versiones de Shakespeare, Marlowe, Keats, Tennyson o Pound), la intención del autor desde la primera frase es parodiar una serie de libros y testimonios que habían ido publicándose para lamentar las penurias que proverbialmente sufrían los pueblos gaélicos del oeste de Irlanda, víctimas del hambre, los temporales, el analfabetismo, la tendencia al alcohol y el desprecio del resto del país. Escrita en muy poco tiempo y publicada en gaélico en 1941 (la versión inglesa no llegaría hasta 1964), fue un éxito comercial y parece que los paisanos de O’Brien acertaron a leerla con amplio sentido del humor, ya que su caricatura lleva las cosas a un extremo que toca la crueldad (la extraña muerte de la mujer y el niño, por ejemplo) sin dejar de ser desternillante. El autor adopta y explota una serie de tópicos y “estribillos” de aquellas crónicas locales para montar una narración que tiene mucho de novela picaresca (parece que Ó Cúnasa, al cabo, escribe para intentar explicar por qué está en la cárcel, aportando una versión muy poco clara) sin carecer de elementos fantásticos y de terror ni de insólitos episodios de aventuras. La alimentación deficiente (constituida casi exclusivamente por patatas y, siempre que se puede, licor), la cohabitación con cerdos y la completa inactividad crean un escenario sobre el que se desarrollan situaciones y diálogos de un efecto cómico muy alto. Con un horizonte así para los personajes, cualquier suceso, por nimio que sea, es extraordinario, y O’Brien sabe inventar y acumular los más grotescos, consiguiendo sorprendernos en cada página.
Tal vez no sea ésta una novela tan hipnótica y fascinante como otras de su autor, pero tampoco es justo compararlas. La boca pobre es magistral en aquello que quiso ser. Tan satírica que escuece. Tan divertida que asusta.